Día 4. Miércoles 20. Vuelve el
sol y el trabajo
En el día de ayer fue la lluvia
co-protagonista de la jornada, y por ello pasamos más rato con los residentes.
Hoy, en cambio, el sol nos invitaba a afrontar los trabajos de campo que habían
quedado interrumpidos. No es fácil para nosotros, que somos algo inexpertos,
pero poco a poco se va notando más ilusión a la hora de afrontar estos
trabajos. Nos estimula para crecer el testimonio de la comunidad, las reuniones
den grupo y, en definitiva, el amor por las personas que vamos conociendo y que
Dios va poniendo gota a gota en nuestro interior.
Así, la mañana ha transcurrido
con normalidad. La tarde la hemos dedicado para ver una película muy
impactante, relacionada con la comunidad del Anav: Romero. Se muestra en ella
el testimonio de este obispo salvadoreño que entregó su vida siguiendo la
llamada que Dios le dirigía a través de los más pobres. Nosotros, como él,
estamos llamados a dejarnos transformar por Jesús, presente especialmente en
los últimos, en los pobres, en los olvidados de la historia universal, en los nadies de Eduardo Galeano:
“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”
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