Dentro de un par de días iniciamos nuestro camino:
Lo emprendemos con ilusión -y nerviosismo- por enfrentarnos con algo nuevo;
con la esperanza -quizá certeza- de que merecerá la pena;
con el abandono de reconocernos dependientes
del trabajo y la presencia de otros -y de Otro- para vivir esta semana;
con el mono de trabajo para darnos, como sea y donde sea, en cada momento;
con las gafas del corazón puestas para mirar más allá de nosotros mismos;
con el compromiso de poner la vida en juego,
y el deseo de caminar hacia el Dios de la vida,
y de los pobres...
Estamos preparados.
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